el batel de selgascano

hace algo más de una semana tuve la oportunidad de visitar la ciudad de Cartagena y descubrir un edificio ubicado en el puerto que me sorprendió gratamente.
Se trata del auditorio el Batel, obra de los arquitectos Selgas y Cano que se constituye como un centro cultural motor y generador de la actividad lúdica y social en torno a la cultura. Según sus autores tiene vocación de ser abierto y propiciar relaciones cercanas entre la sociedad y el mundo cultural. Un edificio de carácter popular, cercano y en permanente uso y ebullición por su actividad interior.

Se alinea en el puerto con el paseo marítimo, desplegando su programa de forma alargada, como no podría realizarse de otro modo en este emplazamiento y su forma externa queda racionalizada según un prisma rectangular bien proporcionado, cuyas fracturas en sección permiten aligerar tan dilatado volumen y revelar la secuencia del programa que alberga. La materialización de este edificio al exterior me resulta muy pertinente por su diálogo con el mar, el cielo y la luz mediterranea. El uso de los materiales plásticos y del color nos presenta un edificio ligero, liviano, que juega con los reflejos, con la luz densa, marina, restando presencia a sus superficies y otorgando cierto carácter efímero a su imagen.Uno no puede dejar de pensar en los brillos y los reflejos marinos en relación a estas superficies. Además los revestimientos se revelan como una superficie enigmática, matizada por el color desde la lejanía, para revelarnos desde cerca el sistema constructivo formado por elementos brillantemente descontextualizados.

Un edificio bien implantado tiene ya mucho ganado y este es el caso de esta arquitectura. Pero no lo mejor. Al entrar nos succiona un gran espacio vestibular dilatado, que potencia la linealidad de las circulaciones, envuelto por una luz difusa, una atmósfera que confiere una enorme sensación de irrealidad.

Un espacio abstracto y etéreo pero humano por su escala, que nos invita a descubrirlo y recorrerlo, y a hacerlo con una sonrisa en los labios, pues este edificio desdramatiza la arquitectura y lo hace con una heurística genial, desprejuiciada y llena de frescura, tanto por su geometría como por su resolución constructiva, siempre fiel a los materiales que configuran la arquitectura.


La cafetería mantiene la tensión espacial por la geometría, la luz y el color y se abre a una terraza volcada al puerto. En este punto el edificio abre un gran ojo con el que contempla el mar.
Los recorridos, marcados por las brechas irregulares que transgreden el orden cartesiano hacia las salas están envueltos siempre por la luz, y por la contemplación del cielo.

Las salas continuan con estos conceptos arquitectónicos. Dejan de ser una sala ciega al uso para constituir un espacio inundado de una luz fluida, difusa, de color…es una sala sumergida en la luz marina, lo cual no la hace competir, dado su tenue reflejo con la luz de la escena. En este punto se manifiesta más si cabe la indagación de los autores en la escala cromática, que acompaña a los conceptos de todo el edificio. Las dos salas mantienen este criterio, si bien la grande adquiere una representatividad notable por el desarrollo del espacio a mayor escala.

Las escaleras de salida vuelven a ser estructuras aéreas, ingrávidas que parecen depositarnos
levemente en el claro plano del suelo.
En otro grado, es un placer contemplar la resolución de los detalles del edificio y admirar la frescura y fidelidad a sí mismo que ha mantenido. Los aseos, las puertas, la iluminación, el mobiliario con un estrecho diálogo con la arquitectura, la pérgola de tubos de plástico, las barandillas de las terrazas. Siempre con plena consciencia del contexto.
Quizá sea este un edificio para los niños, o para que los adultos se sientan niños cuando se encuentran en su interior. Hay una actitud jovial y alegre que celebra la arquitectura con la más amplia de las sonrisas.

Las únicas dudas que me despierta son la durabilidad y el mantenimiento del edificio dado los materiales que lo forman ( ¿ envejecerá bién? ¿ a qué precio?) y el coste de mantenimiento energético por la misma razón, si bien se ha diseñado un inteligente mecanismo de galería térmica con una doble piel de plásticos, tal y como se muestra honestamente en el acceso.
Hacía bastante tiempo que no disfrutaba tanto visitando un edificio, lo que me llevó irremediablemente a burlar la vigilancia de seguridad con el fin de poder visitar las áreas cerradas al público en este día, que eran todas salvo la cafetería y el vestíbulo de ingreso. Por fortuna salí airoso del recorrido ya que conseguí esquivar al guardia que seguía mis pasos.
Si podeis ir a ver este edificio no dejeis de hacerlo. A pesar de estas imágenes a lo largo del post, es muy recomendable la visita.

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