Archivo para septiembre, 2012

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Posted in arquitectura with tags on septiembre 28, 2012 by proyectosinteriores

Iglesia de San Marcos

Posted in arquitectura with tags , , on septiembre 28, 2012 by proyectosinteriores

Con un salto de varias décadas en el tiempo y ya en la madurez de su carrera, Lewerentz construye dos obras por las que finalmente será considerado maestro. Se trata de San Marcos y San Pedro en Klippan.
En ambas trabaja con el ladrillo oscuro de Helsinborg y consigue llevar el uso del mismo al extremo de la disciplina con una gran maestría. “No es posible romper ladrillos” parece rezar una de las normas, por lo que Lewerentz trabaja con el aparejo de múltiples formas respetando siempre la integridad del material.
La Iglesia de Björkhagen y su centro parroquial se encuentran situados en el borde del pequeño pueblo y junto a un bosque de grandes árboles. Y esa es la sensación que da la aproximación desde el bosque, la de aproximarse a una fortaleza atemporal, cercana a una ruina, masiva e imponente.
El esquema espacial del conjunto se ordena a través de un volumen con forma de L que alberga la iglesia y el centro parroquial ( comedor, auditorio, biblioteca…) y otro volumen paralelo a una de las alas del anterior, constituyendo una pieza larga y estrecha, que se remata con el campanario. Esta pieza se muestra como un pequeño pabellón humilde, de baja altura, que nos muestra su cubierta y que recoge las oficinas y pequeñas salas. Al final descubrimos el curioso campanario, como un volúmen cúbico cuya esquina se forma a través de un cilindro. El campanario redunda en esta imagen de arquitectura civil a través de este detalle y nos muestra las campanas de forma tímida, “sin querer”, al estar detrás de una celosía de tablas que nos remite a un carácter de cierta provisionalidad.
El patio o calle alargada entre las edificaciones es interesante. Provoca sensaciones agradables el estar en él, alberga una fuente a modo de estanque y propicia la relación entre edificios además de posibilitar las celebraciones al aire libre cuando el clima lo permite.
El volúmen de la iglesia ocupa el rectángulo más ancho de la figura en forma de L.
Un vistazo a la planta no puede por menos que despertar nuestra curiosidad por la cantidad de sucesos arquitectónicos que ocurren en el muro sur y que a pesar del carácter fragmentario no perturban la unidad de los sólidos muros al exterior. El esquema de la capilla recuerda al de muchas plantas basilicales primitivas de nave central principal y nave lateral secundaria. Me vienen a la memoria imágenes de la arquitectura románica y prerománica y no sólo por esta configuración espacial clásica de templo lineal sino por el tratamiento de la luz. La atmósfera es intensa por su luz. Más bien diría que por su sombra o penumbra. Lewerentz en estos edificios trabaja con la penumbra más que con la luz, ya que el espacio se hace denso a través del claroscuro y de la materia. Ésta atmósfera difiere a mi entender de la de la Capilla de la Resurrección. El edificio está cargado de intensidad material, no sólo por la manipulación formal del muro ( cortes, abombamientos, resaltos…) y de los elementos delimitadores del espacio, sino por su propia materialización a través de este ladrillo que no pretende ser una fábrica pulcra sino una fábrica atemporal. Ésto se pone en evidencia en los huecos que introducen la luz de forma tangencial y logran mostrar la expresión material de los muros en mayor grado.
Es curioso como las obras de Lewerentz poseen una modernidad tan específica. No son “modernas” ni antiguas…pertenecen simplemente al tiempo y a la historia y a la vez consiguen escapar de él. Imagino que esta forma de hacer arquitectura es la que se encuentra muy próxima a la sublimación de la misma y la que permite hoy día celebrar obras como el Panteón o las capillas románicas antes aludidas. Son obras que trascienden.

la Capilla de la Resurrección. Lewerentz.

Posted in arquitectura with tags , on septiembre 4, 2012 by proyectosinteriores

Ya hemos hablado en este blog del arquitecto Sigurd Lewerentz.
Este arquitecto se caracterizó por su silencio. No publicó, no escribió, estuvo al margen de cualquier actividad académica. Lo que tenía que decir lo dijo con sus obras. Y fue mucho.
De carácter huraño e introvertido, realizó sin embargo numerosas colaboraciones con sus contemporáneos, de entre las que destaca su relación con Gunnar Asplund, finalmente truncada.
Considero a Lewerentz un personaje tan fascinante que creo que merece mucho la pena detenernos un poco en el análisis de algunas de sus obras. Para no ir muy lejor por el momento, nos quedaremos un poco más en el Cementerio del Bosque. Este proyecto fue ideado en su trazado por Lewerentz y como ya hemos comentado, se trata de un lugar extraordinario, lleno de espiritualidad y profundidad, ejemplo paradigmático en el siglo XX del espacio público. Con él iniciará Lewerentz una carrera en el diseño de espacios sacros que creo no tiene parangón en la modernidad. En este mismo cementerio sitúa su capilla de la Resurrección, calificada por muchos como la última obra maestra del clasicismo en el siglo XX.
Lewerentz traza una capilla de bellísimas proporciones, con reminiscencias clásicas. No en vano hace uso de la proporción aurea para configurar un espacio lineal que reduce a una extrema esencialidad de elementos. Sin embargo no podemos obviar la vocación que Lewerentz tuvo a lo largo de su carrera para subvertir el lenguaje y llenar la disciplina de paradojas, de índole conceptual y constructiva. Digamos que su obra está llena de “accidentes” en apariencia que dejan de serlo ante una atenta mirada.
Para ello nos muestra un dominio sin igual de la disciplina. La domina para saltarsela, siendo sintéticos. En esta capilla no deja de llamar nuestra atención una serie de cualidades y de elementos como el pórtico descentrado, con un trazado exquisito del orden clásico. Además el pórtico se encuentra “despegado” del volúmen de la capilla, otro matiz paradójico que supone un preámbulo y anuncio de la modernidad, a la que Lewerenzt no era ajeno. Ya en el interior, contrapea las pilastras adosadas a los muros que se manifiestan con un leve relieve, por lo que con un guiño nos deja ver que los supuestos elementos de carga, no se encuentran alineados. El volúmen exterior es de una austeridad extrema frente al pórtico, como si éste fuera el receptor del orden clásico concentrado. Hasta tal punto que no existe relación canónica entre la cornisa y el alero, que consiste en el voladizo de la estructura de madera que deja a la vista. La materialidad interior manifiesta una luz fría, generando una atmósfera de ascesis que se traduce en el haz de luz, único, que penetra por el hueco tripartito y que se difunde a través de los revocos grises. Esta imagen concentra la intensidad del espacio a través de la luz y su atmósfera, encontrando como fondo el baldaquino,

cuya presencia parece focalizar el espacio hacia el extremo opuesto a la entrada.
Detalles como los pavimentos, interior y el del pórtico, la cubierta de cobre y sus remates con ese poso de “dejadez”, ya una constante en la obra de Lewerentz, tal es la naturalidad con que le gustaba construir sus obras, la evacuación de aguas, las puertas de acceso…nos presentan una obra muy rica, que ya desde el punto de partida de la ubicación en el cementerio está llena de intensidad.